Por Eduardo Magaña
En Chengdu, México defendió su lugar en la cima del flag football mundial. La Selección Nacional Femenil derrotó 26-21 a Estados Unidos en la final de los World Games 2025, conquistando así su segundo título consecutivo tras el obtenido en Birmingham en 2022.
El partido reunió todos los elementos de un cierre dramático. Estados Unidos, potencia histórica y rival natural, tomó la ventaja inicial de 7-0. Diana Flores, mariscal de campo y capitana mexicana, tardó en encontrar el ritmo, pero cuando lo hizo, el guion cambió. Conectó con Mónica Rangel y Tania Rincón para cerrar la primera mitad arriba 14-7, dando la impresión de que México había encontrado la fórmula.
La segunda parte se convirtió en un intercambio constante de presión. La defensiva mexicana, liderada por Allison Salazar con dos intercepciones, mantuvo el equilibrio frente a una ofensiva estadounidense que insistía en la profundidad. Aun así, Estados Unidos empató en el tercer cuarto y tomó la delantera 21-20 a menos de un minuto del final.
Con el reloj en contra, México arrancó su última serie ofensiva desde campo propio. Flores, acostumbrada a escenarios de máxima tensión, se apoyó en pases cortos y en dos interferencias defensivas que dieron oxígeno a la ofensiva. Quedaban tres segundos. Desde la yarda final, corrió hacia la derecha y lanzó un pase flotado que encontró a Victoria Chávez sin marca en la zona de anotación. El touchdown definitivo no solo selló el marcador 26-21, también aseguró un lugar en la historia.
La victoria confirma la posición de México como potencia mundial en una disciplina que hace apenas una década se asociaba más con torneos recreativos que con escenarios internacionales. Flores, de 27 años, es ya un rostro global: en 2023 protagonizó la campaña de la NFL para promover el flag football en todo el mundo y hoy lidera a un equipo que ha demostrado consistencia y carácter competitivo.
Pero más allá de las cifras y los nombres propios, el oro de Chengdu adquiere un significado particular. Será la última vez que el flag football forme parte del programa de los World Games, pues a partir de 2028 se integrará de manera oficial a los Juegos Olímpicos en Los Ángeles. La transición convierte este bicampeonato en un título de cierre de ciclo: México queda inscrito como campeón y bicampeón de la etapa previa al salto olímpico.
El contexto agrega capas a la hazaña. Vencer a Estados Unidos en un deporte nacido en su territorio no es menor. En ediciones pasadas, el equipo norteamericano dominaba con amplitud, pero en los últimos años México ha volteado la balanza, con victorias sostenidas que reflejan un trabajo de desarrollo local y de organización en categorías juveniles. La final de Chengdu fue un ejemplo: mientras las estadounidenses apostaron a la velocidad y la profundidad, México mostró orden, disciplina defensiva y la capacidad de ejecutar bajo presión.
El bicampeonato también coincide con un momento de mayor visibilidad para el deporte femenino en México. El triunfo no solo asegura titulares, también genera expectativas hacia lo que podría ser la primera participación olímpica de estas jugadoras. Para muchas de ellas, el oro en Chengdu significa una culminación, pero también un punto de partida.
El marcador final, 26-21, es apenas un número. Lo que representa es más amplio: la consolidación de un país que encontró en el flag football un espacio para competir y ganar al más alto nivel. México se retira de los World Games con la medalla de oro, el bicampeonato y la certeza de que su lugar en la historia del deporte ya está escrito.

